Sobre ser conscientes

¿A qué nos referimos cuando hablamos de ser padres conscientes?

¿Por qué decimos que cuando tomamos consciencia de nuestros actos, de nuestros sentimientos y de nuestras interpretaciones, podemos responder de manera más acorde con las necesidades que nuestros hijos tienen en su crecimiento?

Primero veamos qué significa para nosotros que algo no es consciente. Hablamos de todos aquellos aspectos de nuestra experiencia que no vemos claramente, lo que está presente de alguna forma en nuestra conducta, en nuestras relaciones con los demás, pero no ha sido pensado o no tiene palabras claras para explicarlo. Es lo que nos ha pasado en nuestra vida, que está en nosotros e influye nuestras reacciones y relaciones con los demás, y por supuesto también cuando estamos frente a nuestros hijos. ¿Cuáles pueden ser estos aspectos que podemos tender a no ver cuando estamos frente a nuestros propios hijos?

Si bien la respuesta en amplia, podríamos nombrar cuatro aspectos que resultan muy relevantes: nuestros modelos de relación, nuestros sentimientos, nuestras respuestas frente al estrés, y la interpretación que damos a las conductas de nuestros hijos. Si volvemos por un momento la mirada hacia nosotros y nos preguntamos acerca de nuestra manera de relacionarnos, de nuestro manejo del estrés y de los sentimientos que nos surgen, podemos empezar a tomar consciencia de nosotros mismos y observar que a veces tendemos a reaccionar automáticamente.

Nuestros modelos de relación

Las primeras experiencias que hemos tenido han contribuido a que tengamos una forma de comprender las cosas, una forma de reaccionar ante los problemas, una manera de relacionarnos con los demás, una forma particular de resolver los conflictos o enfrentar el estrés.

Incluso si tuvimos relativamente buenos modelos , es probable que como, todo en la vida, hayamos vivido experiencias no perfectas, con altos y bajos, y puede ser que nuestros modelos no necesariamente son los que quisiéramos para relacionarnos con nuestra familia actual. Lo que vivimos constituye inevitablemente nuestros modelos, y nuestra crianza está influenciada por ellos, para bien o para mal. Si no somos conscientes de ellos, tenderemos a  repetirlos cuando tengamos nuestros propios hijos.

A través de nuestras primeras experiencias fuimos desarrollando nuestros propios patrones de apego. Rebecca Thompson-Hitt señala: “La calidad de las relaciones en nuestros primeros años de vida crea patrones que son fácilmente observables (por observadores entrenados), y e stos patrones pueden predecir nuestra habilidad en lara formar relaciones saludables, o no. Es a través de estos mismos patrones de relación que podemos entendernos más profundamente a nosotros mismos y acerca de cómo interactuamos en todas nuestras relaciones, incluyendo las relaciones con nuestros niños.” (Consciously Parenting: How to Raise Emotionally Healthy Families).

Las personas se relacionan de cierta forma con los demás basados en los vínculos primarios en los primeros años.  Vale la pena entonces pensar cómo han sido nuestros modelos, porque las características de nuestra forma de relacionarnos van a influir en la relación que establezcamos con nuestros hijos y los modelos que a su vez van a ir incorporando para sí mismos.

Nuestros Sentimientos

Otro aspecto para considerar en nuestra toma de conciencia son los sentimientos.  Tener más conciencia de lo que nos pasa frente a las situaciones es fundamental para enfrentar los desafíos de la parentalidad. Si ante un conflicto en particular mi rabia es muy intensa, pero no me doy realmente cuenta de que estoy hablando desde mi propia rabia, es probable que pierda la perspectiva y que la relación se vea interferida por ello. No significa que haya sentimientos mejores o peores, sino de tenerlos en cuenta como parte de lo que está ocurriendo, reconocerlos y navegar a través de ellos.

Saber lo que estamos sintiendo no siempre es evidente. Puede que en nuestra familia  de origen la expresión de los sentimientos no haya sido saludable y en nuestra adultez tengamos dificultad para determinar lo que nos acontece. A muchas personas les pasa que conectarse con lo que sienten resulta difícil, a veces hacia ciertos sentimientos en particular, porque en nuestra historia aprendimos que no eran aceptables. Por ejemplo, si alguno de nuestros padres reaccionaba de manera agresiva frente a los conflictos, puede que inconscientemente la rabia esté asociada a nuestras experiencias difíciles con ese padre agresivo.  Por lo tanto, no queremos experimentar ese sentimiento, porque tememos reaccionar de la misma manera que él. ¿Y de qué manera podemos expresar esos sentimientos? ¿Qué hacemos frente a la rabia que inevitablemente vamos a sentir en algunos momentos? Puede que no la podamos reconocer en nosotros mismos, que tratemos de evitar las situaciones que nos la causan,  que no la validemos en los demás o nos atemoricemos frente a la rabia de los demás, entre las cosas que tendemos a hacer cuando no somos conscientes.

Necesitaremos entonces estar atentos, revisar nuestras reacciones, conectarnos con nuestras reacciones y descubrir cómo expresar lo que sentimos sin interferir nuestras relaciones. Si no reconozco que lo que siento es rabia, ¿cómo puedo ayudar a mis hijos a expresar su rabia si yo no sé que para mí ese es un sentimiento complicado? Y lo mismo con cualquier otro sentimiento.

Nuestra reacción ante el estrés

También se trata de tomar conciencia  de nuestra manera de reaccionar frente al estrés . Rebecca  Thompson-Hitt lo simplifica haciendo una analogía entre el cerebro y el semáforo, explicando que podemos estar en tres diferentes estados: Luz verde, cuando estamos tranquilos, abiertos a las experiencias, al aprendizaje, concentrados y disfrutando. Luz amarilla, cuando hay una alerta que nos indica avanzar con precaución, algo nos incomoda o necesitamos y debemos bajar la velocidad. Luz roja, cuando definitivamente estamos estresados y ya no podemos pensar, porque nuestra energía está volcada en mantenernos a salvo. Muchas veces pasamos por estos estados de manera inconsciente, sin darnos cuenta de que necesitamos disminuir la velocidad o tomar una pausa. Si aprendemos a reconocer estos estados en nosotros mismos y en nuestra familia, tenemos más oportunidades de responder a las situaciones de manera más acorde con lo que se necesita.

Nuestra interpretación de las conductas

El modo o la forma como interpretamos las conductas de nuestros hijos también tiene componentes no conscientes. Muchas veces sus reacciones o sus respuestas nos gatillan fuertes sentimientos que no siempre parecen proporcionales a lo que está ocurriendo. Por ejemplo, el hecho de que un hijo nos desobedezca. Para algunos padres puede no representar una frustración y consiguen resolver la situación sin desregularse emocionalmente. Para otros, en cambio, exactamente la misma conducta puede enfadarlos, despertar miedo a no ser respetado o ansiedad por no estar disciplinándolo apropiadamente. Va a depender de la historia con nuestros propios padres y podemos darle una interpretación a la conducta que nos lleva a responder de maneras específicas. Reflexionar acerca de nuestras interpretaciones y lo que ciertas conductas de los niños nos gatillan, vamos a tener otro elemento más para poder contribuir de manera más consciente a la relación con nuestros hijos.

Es importante reconocer que todos estos aspectos juegan un papel en nuestra crianza y la relación que tenemos con nuestros hijos. Si queremos entenderlos mejor, reaccionar de maneras más constructivas y apoyarlos para que su desarrollo sea lo más saludable posible, debemos partir por nosotros mismos. En ese sentido es que se dice que las respuestas no están en una fórmula que nos diga cómo criar de manera efectiva, para todos por igual, como una receta. Debemos primero tomar en cuenta qué nos pasa a nosotros mismos, cómo funcionamos nosotros para poder observar mejor lo que nos muestran cada uno de nuestros hijos, sus particulares necesidades y sentimientos. A mayor consciencia, mayor claridad y menor posibilidad de actuar con el piloto automático. Es un ejercicio permanente y todos mantendremos muchas áreas inconscientes en nuestra vida, pero damos un paso adelante manteniendo la curiosidad y la pregunta ¿hay algo más que está pasando aquí? ¿Mi reacción es realmente proporcional a lo que mi hijo está haciendo o hay algo mío que está interfiriendo?

La crianza nos enfrenta a veces con situaciones difíciles, nos sentimos desafiados, nos preguntamos qué debemos hacer para mejorar nuestro rol de padres o qué debemos cambiar para cambiar conductas problemáticas en nuestros hijos. Desde nuestra perspectiva, en realidad no existen fórmulas que se puedan aplicar, no hay maneras correctas iguales para todos que nos aseguren una crianza efectiva o exitosa. Cuando algo no está funcionando y sentimos la necesidad de hacer algo diferente, una de las tareas fundamentales es pensar en nuestra posición en la situación, porque somos parte de la relación y tenemos participación en cómo se manifiestan las conductas. Cuando creemos que quisiéramos hacer algo diferente en la crianza de nuestros hijos y estamos frente a uno de los múltiples desafíos que nos impone la parentalidad a lo largo del crecimiento de nuestros hijos, nuestra invitación es a preguntarnos acerca de estos aspectos que quizás no tenemos conscientes y que podrían ayudarnos a encontrar en nosotros mismos mejores respuestas como padres y que nos ayuden a volver a lo más importante de todo: la relación.

  • Alejandra vive en Florida, Estados Unidos, con su esposo y sus dos hijos de 11 y 8 años. Ella es originalmente de Chile, donde realizó sus estudios y trabajó en psicoterapia por 11 años, centrándose en la atención de niños y sus padres. Recientemente completó estudios en Psicología Perinatal y actualmente se encuentra en formación con Consciously Parenting Project. Durante el último año se desempeñó en un programa de prevencion y apoyo a familias con mujeres embarazadas y madres de pequeños bebés. En la búsqueda de diferentes maneras de apoyar la relación entre niños y padres, también se encuentra realizando un entrenamiento en lactancia materna. Tanto desde su práctica profesional como de su experiencia personal frente a los desafíos de la crianza, su interés se ha ido dirigiendo hacia las relaciones tempranas y el apego. Su intención es contribuir a las familias que buscan relaciones más sanas y conectadas. Ofrece llamadas individuales o grupales. Llamadas 1:1: Lunes a Viernes 1 – 3 pm o 4 – 6 pm EST. Las llamadas pueden ser en español.

Alejandra Campos

Alejandra vive en Florida, Estados Unidos, con su esposo y sus dos hijos de 11 y 8 años. Ella es originalmente de Chile, donde realizó sus estudios y trabajó en psicoterapia por 11 años, centrándose en la atención de niños y sus padres. Recientemente completó estudios en Psicología Perinatal y actualmente se encuentra en formación con Consciously Parenting Project. Durante el último año se desempeñó en un programa de prevencion y apoyo a familias con mujeres embarazadas y madres de pequeños bebés. En la búsqueda de diferentes maneras de apoyar la relación entre niños y padres, también se encuentra realizando un entrenamiento en lactancia materna. Tanto desde su práctica profesional como de su experiencia personal frente a los desafíos de la crianza, su interés se ha ido dirigiendo hacia las relaciones tempranas y el apego. Su intención es contribuir a las familias que buscan relaciones más sanas y conectadas. Ofrece llamadas individuales o grupales. Llamadas 1:1: Lunes a Viernes 1 – 3 pm o 4 – 6 pm EST. Las llamadas pueden ser en español.

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