Nuestro papel como padres en el desarrollo saludable de nuestros hijos

Te has preguntado alguna vez ¿Qué quieres para tus hijos cuando crezcan? ¿En quiénes quieres que se conviertan? Parecen preguntas fáciles de responder y muchos pueden decir “Quiero que sean felices, personas amables, respetuosas, compasivas… Pensamos en características positivas que nos gustaría que desarrollen. Pero ¿cuál es nuestro papel como padres para ayudarlos en ese camino? Gran parte de lo que necesitan los niños para crecer de manera saludable tiene que ver con la relación que se establezca con sus padres. Sabemos que múltiples factores influyen en el desarrollo y que no todo se reduce a nuestro rol como padres, pero también sabemos que podemos hacer una diferencia entendiendo las necesidades que un niño tiene, de manera de proveer las mejores condiciones que podamos. En ese sentido es importante considerar ¿Cómo se desarrolla el cerebro del niño?

Dr. Bruce Perry dice: “La clave del desarrollo saludable es tener las experiencias correctas en el en la medida justa y en el momento correcto”. Experiencias correctas son aquellas que nos hacen sentir seguros, que nos permiten avanzar en el desarrollo del cerebro sin tener que mantener un estado de alerta porque algo grave puede ocurrir, porque tenemos miedo o porque algo amenaza nuestra seguridad. Un bebé que tiene hambre necesita una madre que lo observe, descubra sus indicios no verbales y lo alimente para satisfacer esa incomodidad y para nutrirlo. El bebé no sólo obtendrá alimento, sino que estará sintiéndose calmado con la ayuda de otro, confiando en que sus malestares pueden ser calmados y por lo tanto no necesita estar en estado de alerta permanente y continuamente incómodo y asustado. Al volver a estar en calma porque su necesidad fue satisfecha su desarrollo continúa avanzando para dar paso a nuevas necesidades de acuerdo con la etapa en la que esté. ¿Pero qué pasa si su necesidad no es atendida de forma relativamente regular? (sabemos que no es posible ni realista satisfacer el 100 por ciento de las necesidades y un porcentaje de frustración también es necesario). Si generalmente el bebé es dejado solo y no recibe alimento cuando se siente hambriento, aunque llore, probablemente el niño se encuentre en un estado de estrés y las siguientes etapas de su desarrollo serán interferidas por estas necesidades insatisfechas, permaneciendo la necesidad en él.

Este ejemplo nos ayuda a comprender la idea, pero existen muchas situaciones cotidianas en que podemos pasar por alto necesidades de nuestros niños. Cuando más tarde observamos en ellos conductas problemáticas o tenemos algunos conflictos con ellos, tal vez nos ayude pensar que nos pueden estar comunicando que una necesidad anterior aún sigue presente. Dice Rebecca “Una necesidad satisfecha desaparecerá, una necesidad insatisfecha se queda”.

¿Alguna vez te has visto en la situación de decirle a tu hijo que no se comporte como un niño pequeño? “Parece que tuvieras dos años”, “¿por qué lloras así?”, o puede que no lo digamos, pero sentimos que su conducta no corresponde a su edad. Y tratamos de mantener el mismo trato correspondiente a su edad, que funciona en casi todas las áreas, pero no para ciertos momentos o conflictos. Muchas veces puede ocurrir que el niño realmente no puede “comportarse”, no lo está haciendo a propósito para molestar o llamar la atención, sino que no sabe cómo hacerlo de otro modo. Puede tener una necesidad que en el pasado no pudo ser satisfecha y persiste en él la necesidad. Emocionalmente se encuentra al nivel de ese momento en que esa necesidad se hizo presente y aunque en muchos sentidos funciona perfectamente a su edad cronológica, posee un área en sus emociones que sigue estando en otro momento de su desarrollo. ¿Qué podemos hacer para ayudarlo?

“Mi hijo se está portando mal, ya no sé qué más hacer”. Probablemente hemos escuchado frases como estas muchas veces (de nosotros mismos o de otros padres) y nos hemos debatido sobre qué medidas tomar para que nuestro hijo “aprenda” o tenga “más disciplina”. Todos en algún momento nos vemos enfrentados a situaciones en que pensamos que nuestro hijo está comportándose como un niño “malcriado” o simplemente se porta como un niño menor de lo que es y nos sorprende que no responda de acuerdo con su edad cronológica.

Cada situación y cada niño es un mundo particular. Sin embargo, sabemos que las conductas siempre nos comunican algo. Y podemos considerar en nuestro análisis de lo que puede estar pasando en nuestra casa, el concepto de desarrollo neuro-secuencial. ¿A qué nos referimos con ello? En palabras simples, significa que el desarrollo del cerebro se desarrolla en una secuencia y para que sea saludable y exitoso, las necesidades de cada etapa deben ser suficientemente satisfechas. El desarrollo del cerebro no sólo se relaciona con las habilidades cognitivas, sino que con la capacidad de regular las emociones y, por lo tanto, si un niño posee necesidades emocionales que no han sido cubiertas, ellas permanecerán presentes, afectando el posterior desarrollo de las siguientes etapas del desarrollo. Las necesidades básicas de los primeros años de vida tienen que ver con el apego con la figura principal de cuidado, generalmente la madre, y la posibilidad de establecer un sentimiento de seguridad y confianza con el entorno gracias a que esta figura suficientemente logra entender lo que el bebé necesita y lo ayuda a sentirse tranquilo.

Las relaciones no son perfectas para nadie y todos poseemos en nuestra historia algún grado de insatisfacción de necesidades. Nuestros niños también, aunque hagamos nuestro mejor esfuerzo por atender lo que necesiten, eso está bien y no debemos ser duros con nosotros mismos, porque todos queremos lo mejor para nuestros niños. Puede que las circunstancias de la vida nos hagan la tarea más difícil, que estemos muy estresados. Lo importante es saber que nuestros niños cuando van creciendo van a continuar manifestando sus necesidades y puede ser que su mala conducta nos esté indicando que una necesidad anterior sigue estando presente y por ello se estén portando de una manera que no corresponde a su edad. Saber que eso puede ser posible nos amplía la perspectiva y nos ayuda a mirar la conducta con más curiosidad. Si mi hijo que tiene 5 años en ciertos momentos parece un niño de 2, ¿qué puede estarle ocurriendo? ¿qué necesidad permanece en él sin ser satisfecha? ¿qué eventos han ocurrido en mi familia que tal vez influyeron en su desarrollo? ¿basta con “disciplinarlo para que aprenda a comportarse” o será mejor escuchar lo que siente, ayudarlo a poner palabras a sus sentimientos y validarlos? Nos puede ayudar recordar lo importante que son las experiencias de los tres primeros años de vida para el desarrollo del cerebro y la posibilidad de regularse emocionalmente. Si hubo experiencias difíciles puede que en algún punto nuestro hijo se encuentre estancado en un modo de sobrevivencia, sin la posibilidad de regular sus emociones y volver a su funcionamiento de niño “más grande”. Podemos entonces pensar que, por ejemplo, si nuestro hijo hace rabietas que sentimos que son desproporcionadas a la situación, podemos atender sus sentimientos en ese momento al nivel emocional que nos está presentando. Tal vez no sea adecuado exigirle que se “comporte” como grande, si realmente no puede. Algo necesita, que no es la causa aparente de su conducta, sino que algo más allá, más atrás y más profundo, que podemos atender a través de conectarnos con nuestro hijo.

Pam Leo, autora del libro “Connection Parenting”, considera que hace falta difundir más lo que las investigaciones muestran tan claramente acerca de las necesidades de los niños y cómo ello influye en su desarrollo saludable: “A los padres no se nos dice que nuestro trabajo más importante es asegurar y mantener un vínculo emocional fuerte y saludable con nuestros hijos (…) Los niños, igual que todos los seres vivos, no se desarrollan bien si sus necesidades no son satisfechas. Si un brote no está creciendo nos preguntamos ‘¿está recibiendo suficiente luz del sol?’, ‘¿el agua está drenando bien?’ Cuando tenemos las condiciones adecuadas para el crecimiento de la planta, ésta se desarrolla saludablemente. Cuando tenemos las condiciones humanas correctas, los niños se desarrollan saludablemente”.

  • Alejandra vive en Florida, Estados Unidos, con su esposo y sus dos hijos de 11 y 8 años. Ella es originalmente de Chile, donde realizó sus estudios y trabajó en psicoterapia por 11 años, centrándose en la atención de niños y sus padres. Recientemente completó estudios en Psicología Perinatal y actualmente se encuentra en formación con Consciously Parenting Project. Durante el último año se desempeñó en un programa de prevencion y apoyo a familias con mujeres embarazadas y madres de pequeños bebés. En la búsqueda de diferentes maneras de apoyar la relación entre niños y padres, también se encuentra realizando un entrenamiento en lactancia materna. Tanto desde su práctica profesional como de su experiencia personal frente a los desafíos de la crianza, su interés se ha ido dirigiendo hacia las relaciones tempranas y el apego. Su intención es contribuir a las familias que buscan relaciones más sanas y conectadas. Ofrece llamadas individuales o grupales. Llamadas 1:1: Lunes a Viernes 1 – 3 pm o 4 – 6 pm EST. Las llamadas pueden ser en español.

Alejandra Campos

Alejandra vive en Florida, Estados Unidos, con su esposo y sus dos hijos de 11 y 8 años. Ella es originalmente de Chile, donde realizó sus estudios y trabajó en psicoterapia por 11 años, centrándose en la atención de niños y sus padres. Recientemente completó estudios en Psicología Perinatal y actualmente se encuentra en formación con Consciously Parenting Project. Durante el último año se desempeñó en un programa de prevencion y apoyo a familias con mujeres embarazadas y madres de pequeños bebés. En la búsqueda de diferentes maneras de apoyar la relación entre niños y padres, también se encuentra realizando un entrenamiento en lactancia materna. Tanto desde su práctica profesional como de su experiencia personal frente a los desafíos de la crianza, su interés se ha ido dirigiendo hacia las relaciones tempranas y el apego. Su intención es contribuir a las familias que buscan relaciones más sanas y conectadas. Ofrece llamadas individuales o grupales. Llamadas 1:1: Lunes a Viernes 1 – 3 pm o 4 – 6 pm EST. Las llamadas pueden ser en español.